Nudozurdo

Concierto celebrado en la Sala Caracol de Madrid, el viernes 25 de febrero de 2011.

Leo Mateos (Nudozurdo)

Nudozurdo están llamados a ser los The Cure o los Bauhaus españoles. Transitan por la misma senda y esperemos que duren lo mismo que los primeros. Por lo pronto, “Sintética”, su segundo trabajo, ya iba por los derroteros del “Pornography” de los de Robert Smith. Presentan ahora su tercer, esperadísimo y, por lo pronto, rodeado de cierto secretismo, trabajo: “Tara Motor Hembra”, del que han ido dejando caer temas con cuentagotas. A decir verdad, para este concierto decidí comprame la entrada antes incluso de ver si me acreditaban. Y es que, uno de sus principales atractivos es, sin duda, el hecho de que con la entrada te regalen el álbum (que, dicho sea de paso, me pareció impresionante).

Así que, con esa inquietud paranoica natural que me caracteriza, y que viene de perlas para un concierto de este pelaje, me planté ante el escenario dispuesto a ver al grupo que está revolucionando la música oscura nacional (con permiso de Havalina, Ornamento y Delito o Blacanova). El grupo que lidera Leo Mateos se ha convertido en todo un referente (hasta el punto de abarrotar la sala y colgar el cartel de “entradas agotadas”). ¿Referente de qué? No sabría decirlo muy bien, pero, desde luego, es algo que hay que escuchar. Después de hacerlo, es imposible que te deje indiferente. Esa oscuridad que todos llevamos dentro sale a la luz en las letras y la música de este cuarteto, haciéndote sentir incómodo en unas canciones en las que no dudas en reconocerte: ese del que habla eres tú. ¡Y da miedo!

Nudozurdo (Sala Caracol, 25-02-2011)

Nudozurdo (Sala Caracol, 25-02-2011)

Y no es ya su genial single “Mil Espejos”, con esa batería, ese bajo, ese órgano y esos teclados hipnóticos, que enmarcan la voz de Leo y que, en líneas generales, caracterizan buena parte de sus temas. O esas atmósferas rotas, esos coros fantasmales y esas percusiones ultrarrápidas de “Negativo”, resaltando una canción ultraveloz pero estremecedora (hasta que llegaron ellos, conceptos casi antagónicos), con una genial voz distorsionada y unos arreglos a descubrir en sucesivas escuchas. O esos coros sintéticos y esa guitarra vibrante, unidos a la voz susurrante de Leo en “Kamikaze” (tema que, desgraciadamente, no interpretaron esta noche) contando una historia que te tiene en tensión desde el comienzo. Casi tanto como su (inesperadamente) impactante y exitosa “El Hijo de Dios”, casi ocho minutos de fascinante historia de frustraciones y rencor, que disecciona los sueños fracasados de un protagonista que es cualquiera de nosotros. Asombroso tema de culto inmediato, cuya letra se te queda grabada a la primera escucha.

Pero el concierto de esta noche era la presentación en sociedad de “Tara Motor Hembra”, y a los temas de su nuevo trabajo consagraron la mayor parte de su actuación. De hecho, los únicos temas de “Sintética” que interpretaron fueron los mencionados, junto con “Ha Sido Divertido”. Hicieron su aparición sobre el escenario con un curioso violoncelo sin caja, y la hermana de Leo a las segundas voces, para interpretar “El Diablo Ha Sido Bueno Conmigo”. Después, uno de los temas más impactantes de su último trabajo: “Prometo Hacerte Daño”. Y así, uno tras otro, su tercer álbum íntegro. Eso sí: a velocidad endiablada. Quizá la principal pega que se le pudiera achacar al concierto fuese su desmedida y frenética velocidad. Algo que, a priori, sorprendió a los presentes, que esperábamos algo más pausado e hipnótico, con puntuales explosiones de ira adrenalítica. Desde luego, escuchar los casi ocho minutos de “El Hijo de Dios” condensados en tres minutos y medio es algo “llamativo” (y que parece que no terminó de convencer a todo el mundo).

Nudozurdo (Sala Caracol, 25-02-2011)

Nudozurdo (Sala Caracol, 25-02-2011)

Sin embargo, Nudozurdo es un grupo que sabe sacarle partido a todo, incluso a un concierto un tanto extraño para sus seguidores, en una suerte de work-in-progress. Que no se malinterprete: el concierto estuvo a la altura, pero pudo haber sido mítico. Desde luego, no cabe duda de que a estos chavales les gusta probar y que van a lo suyo. Es algo digno de elogio. A pesar de que a muchos les pillase a traspiés. A ello vinieron a sumarse unos desquiciantes problemas con el sonido (con un volumen de ida y vuelta) que deslujeron un tanto, aunque sin culpa del grupo, uno de los conciertos llamados a marcar la temporada invernal.

De lo que no hay ninguna duda es de que Nudozurdo siguen ahí. Conservan intacto su talento, su buen hacer y ese rencor visceral que les hace tan cercanos y carismáticos (!). Sobra decir que no será la última vez que oigamos hablar de uno de los grupos más notables y con mayor personalidad de los últimos años. Y sobra decir también que, cuando vuelvan a pasar por aquí, yo les estaré esperando.

Nudozurdo (fotografía de Luis Díaz)

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