Roger Waters – The Wall Live

Concierto celebrado en el Palacio de Deportes de Madrid, el sábado 26 de marzo de 2011.

The Wall

Supongo que a los que están acostumbrados a leer críticas de conciertos “indies” en este blog, les puede chocar que haga una crítica del concierto de Roger Waters presentando íntegramente “El Muro”, de Pink Floyd. Pero vamos a dejar las cosas claras desde el principio: a Pink Floyd les tenía yo ganas. Y, cuando digo ganas, digo muchas, MUCHAS ganas. Cada vez que alguien me preguntaba a qué concierto o gira míticos me gustaría haber asistido, siempre daba la misma respuesta: la gira de “El Muro”, del 80-81. Lamentablemente, la separación de los Pink Floyd me pilló demasiado joven para asistir a uno de sus conciertos y siempre me quedé con las ganas. Pude haber asistido a uno de Rogelio en solitario, o a uno de los restantes miembros sin él. Pero no era lo mismo. Ahora, tras la muerte de Richard Wright, ni eso. Así que cuando me enteré de que su gira recalaba en Madrid, no lo dudé.

Tampoco corría tanta prisa: dos fechas en Madrid, más otras dos en Barcelona, a pesar del elevado precio inicial de las entradas, venían a demostrar el interés del público español por la obra cumbre del rock sinfónico conceptual (y, para muchos, entro otros el que suscribe, una de las obras magnas de la música). Y no era para menos. Un poco de historia (que a la mayoría le sobrará por repetida mil y una veces): a finales de los 70, Pink Floyd ya eran la formación de referencia para todos los aficionados al rock, digamos, con calado: experimentales e innovadores; tremendamente originales, pero sin pasarse, habían conseguido conjugar la experimentación sonora con el pop para masas, sin perder un ápice de la marcadísima identidad propia que les caracterizaba. Como ellos mismos reconocen, nunca fueron un grupo de singles (salvo “Another Brick In The Wall, Parte 2”, ninguno de sus temas logró colarse en las listas de los más vendidos; y eso fue dos años después de publicarse el disco), pero siempre arrasaron con cada trabajo publicado. Tras revolucionar, desde lo que podía considerarse música comercial, hasta la puesta en escena con sus conciertos, pasando por las celebérrimas portadas de Storm Thorgerson (ya iconos de la cultura popular), Pink Floyd se hallaban en pleno apogeo creativo cuando publicaron su gran obra, que, a la postre, sería la última de entidad (salvando la genial “High Hopes” de The Division Bell). The Wall fue, como ha reconocido el propio Waters, la manzana de la discordia que envenenó las relaciones dentro del grupo. Arrollador éxito de ventas, apoteósica gira de dos años, una película basada en el disco (The Wall, Alan Parker, 1982), escrita por el propio Waters… Y lo que vino después es historia.

Por todo lo que acabo de contar puede deducirse que, a The Wall, como ya dije, le tenía muchas ganas. Con tanta expectación (y me consta que no era el único), cualquier pequeño detalle podría haberlo arruinado. Asombrosamente, ese detalle no se presentó (más allá de la esperada aglomeración de gente presente en el pabellón, que impedía incluso mover los brazos; aglomeración que, a un amigo con el que iba al concierto, terminó por exasperarle).

Las dimensiones del escenario impresionaban y hacían presagiar que la puesta en escena iba a ser de aupa. Y no engañaban.

The Wall (Palacio de los Deportes de Madrid, 26-03-2011)

Mi primera frase fue más para “tirarme el pisto” que para otra cosa: <<como empiece con los saxofones y las coristas, me largo>>. Conociendo la tendencia que tienen muchos artistas de remozar sus viejos temas añadiéndoles saxofones, y Rogelio no es una excepción (esos saxofones y esos coros en su directo In The Flesh me enervan), lo último que quería era un versión “bluesera” o “jazzística” del disco.

La primera en la frente: una “In The Flesh?” de asombroso y electrizante sonido que terminó con un caza de la segunda guerra mundial empotrándose contra el escenario en medio de una gran explosión. Todos con los ojos como platos.

Tras semejante comienzo, un poco de tranquilidad con “The Thin Ice” que, por lo pronto, iba sirviendo para darse cuenta de que, por este hombre no pasan los años. Un Roger Water de considerable edad, pero también en una magnífica forma física, enfundado en un traje negro más propio de los años ochenta, demostraba tener un prodigioso registro vocal que, si bien no ocultó durante el concierto la ausencia de David Gilmour (¡snif!), estuvo más que a la altura.

The Wall (Palacio de los Deportes de Madrid, 26-03-2011)

“Another Brick In The Wall, Parte 1”, probablemente mi tema favorito del disco, metía a los presentes en materia y les preparaba para la más que esperada parte álgida del concierto (con permiso de “Confortly Numb”): un bajo que llenaba todo el estadio acompañaba la entrada de la celebérrima figura gigante del maestro: varios metros de estricto profesor británico hinchable, avanzando por el escenario para romper en “Another Brick In The Wall, Parte 2”. Ya el público como loco. Muñeco gigante que parecía bailar al hipnótico ritmo de bajo y percusiones secas del tema más celebrado de los mancunianos. Un coro de críos que, en esta ocasión, supongo, no terminen demandado al grupo por los derechos, abrieron a un solo de guitarra magníficamente interpretado. Aunque, como ya dije, se siguiese echando en falta a Gilmour. Como decía mi amigo: han sido necesarias tres personas para sustituirle en directo: una para la voz, otra para la guitarra y otra más para los efectos pregrabados.

The Wall (Palacio de los Deportes de Madrid, 26-03-2011)

“Mother”, que en el disco es, quizá, uno de los temas que suelo saltarme (en su momento me incomodaba la letra; aunque, ahora, haya empezado a apreciarla) me gustó sobremanera. Una estricta y, nuevamente gigantesca, madre, observaba todo desde el fondo del escenario, atisbada tras un muro a medio construir. Al mismo tiempo, una enorme cámara de seguridad observaba a los presentes desde el círculo central. Porque, olvidaba mencionar, mientras los temas se iban representando, un ejercito de operarios iban construyendo un muro de dimensiones bíblicas, ladrillo a ladrillo.

The Wall (Palacio de los Deportes de Madrid, 26-03-2011)

“Goodbye, Blue Sky”, con unos coros mejores incluso que en el disco y unas voces asombrosamente parecidas al original, acompañada por las mismas proyecciones que acompañaban al tema en la película, dio paso a un “Empty Spaces” de sonido apocalíptico, nuevamente acompañado de unos dibujos animados en la línea de “Heavy Metal” (revista y películas de animación), abrieron el momento más rockero de la noche: “Young Lust” que, a pesar de sonar genial, adolecía de la ausencia de la voz y la guitarra de Gilmour (en mi opinión, sobraron algunas florituras).

Para este momento me doy cuenta de que, en directo, los temas suenan más largos que en el disco (que no que se hagan más largos). Porque, para éste, llevamos unos cuarenta minutos de concierto. Pero como si acabase de empezar: todos encantados.

Las relaciones de pareja, retratadas con ira y angustia como pocas veces, aunque con un toque pre-ochentero que a mí a veces me chirría, y con unas desaosegantes proyecciones a cada lado del escenario, nos conducen a “Another Brick In The Wall, Parte 3”. Algo más de electrónica atmosférica y, en pleno momento de éxtasis colectivo, un intermedio de algo más de veinte minutos que, a pesar de su (también) elaborada puesta en escena, con imágenes enviadas por familiares de víctimas de conflictos, nos enfrió un tanto a todos.

The Wall (Palacio de los Deportes de Madrid, 26-03-2011)

Tras “Hey You”, interpretada tras el muro, y la genial (otra de mis favoritas), tristísima e inquietante “Is There Anybody Out There?”, un Roger Waters solo ante el televisor, en un rincón del muro, abrió la parte más rock del concierto.

The Wall (Palacio de los Deportes de Madrid, 26-03-2011)

Una antibelicista (antibelicimo y crítica política estuvieron muy presentes durante todo el concierto) “Bright The Boys Back Home”, atacando, y las proyecciones eran un buen reflejo de ello, guerras recientes como Irak y Afganistán. Menos operística que en el disco, a pesar del pelotón de músicos presentes en primera línea del escenario.

The Wall (Palacio de los Deportes de Madrid, 26-03-2011)

The Wall (Palacio de los Deportes de Madrid, 26-03-2011)

La genial “Confortly Numb”, segundo punto álgido del concierto, con sus estandartes de corte fascistoide, con sus no menos famosos martillos marchantes, se vieron acompañados de un enorme dirigible de un cerdo; como aquel, ya mítico, colgado de las torres de la antigua central eléctrica de Battersea en la portada de Animals (una de mis visitas mitómanas pendientes cada vez que voy a Londres), reproducida también en este concierto. Un cerdo negro, más bien un jabalí sobrealimentado, representación de un sistema en declive, sobrevoló durante un buen rato a los presentes. Aquí, un curioso experimento, tendente a sustituir a Gilmour, pero magníficamente realizado, llevó a Waters a cantar a dúo consigo mismo hace treinta años, proyectado sobre el muro, todo ello bajo el magnífico solo de guitarra, antes de ser aplastados (tras un inrregno un tanto más ligero) por el impresionante desfile de amenazantes martillos que enmarcaron la interpretación de “In The Flesh” (esta vez sin coros ni saxofones) y “Run Like Hell”.

Y, por fin, “The Trial”, portentoso juicio final que repasa la vida de ese personaje, que es cualquiera de nosotros, canción por canción y episodio por episodio. Todas esas cosas que le han conducido a aislarse; a crear ese muro a su alrededor. Tras ello, y en medio de unos ensordecedores coros, el esperadísimo derribo del muro: una catarata de ladrillos que transmitían la impresión de venirse sobre el público.

The Wall (Palacio de los Deportes de Madrid, 26-03-2011)

Y el epílogo, a cargo de “Outside The Wall”, enmarcado por una ilustración en movimiento con un aire a los trabajos de Banksy, y un grupo, desprovisto ya de los uniformes negros que habían lucido durante toda la segunda mitad, interpretando este simpático tema de aire folk que cerraba, de forma ligera, entre los restos desperdigados del muro, uno de los conciertos más asombrosos, tanto por calidad musical y sonora, como por puesta en escena y, por qué no decirlo, por pura mitomanía (a fin de cuentas, muchos de los presentes estábamos allí por lo que tenía de “legendario”).

Desde luego, cuando contestaba aquello de que habría querido estar, por encima de cualquier otro, en los conciertos de “El Muro”, no me equivocaba.

The Wall

Edición revisada el 10-09-2011

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