Maika Makovski

Concierto celebrado en la Sala El Sol de Madrid, el viernes 8 de abril de 2011.

Maika Makovski

¡Joder! ¡Estoy que no paro! Ayer el concierto de Dënver y Ellos, hoy el de la Makovski, y mañana el de La Casa Azul, Band À Part, Papá Topo, Cooper, la semana que viene Deerhunter, otra vez Dënver… Además yo, que tengo la costumbre de ir solo a la mayor parte de los conciertos (o, en su caso, con un fotógrafo o algún amigo), porque nunca encuentro nadie al que le gusten las “moderneces” que me suelen gustar, me encuentro un poco desconcertado por estar acompañado de media docena de amigos que han venido conmigo al concierto. Y es que la Makovski tiene gancho.

Bueno. Maika Makovski, medio mallorquina, medio macedonia (ahora debería añadir algo del estilo “100% rockera”, pero me parece tan obvio y tan ridículo que, no es que pase: es que lo pongo para hacer escarnio de tan manida y cursi estrategia literaria; ahí, como un Cervantes cualquiera) se ha convertido con su disco homónimo en una de las sensaciones del rock español “en femenino” (¡toma otro tópico de articulista! ¡“En femenino”!). Pero lo de esta chica, que se presenta sobre el escenario elegante pero aguerrida y con una sombra de ojos que quita el hipo y le llega casi hasta los tobillos, oscila entre la dureza de su faceta más canalla y la sensibilidad de unos temas calmos y emotivos, cantados con una voz cuasisusurrante que embelesa.

Maika Makovski (El Sol, 08-04-2011)

Porque Maika oscila entre la rudeza de un rock americano, rollo bar de carretera del Medio Oeste, con las guitarras rasgadas y esa voz de diva “soul” de “Game Of Doses”, hasta la emotividad, con un toque étnico y otro de PJ Harvey, de “Devil Tricks”, o un incluso un aire a lo Joanna Newsom “pop” en “Friends”. Un cajón desastre perfectamente ordenado (esto es un oxímoron; que hace mucho que no empleo uno) en el que se mueve con soltura, dando rienda suelta a una voz versátil y portentosa, enmarcada en una música dotada de una presencia instrumental mucho mayor que en disco.

Recovecos de rock sureño y dosis de “rithm & blues”, voces y guitarras que suben y bajan con una precisión asombrosa, coqueteos con el pop “indie”, y simpatía, energía y carisma a raudales para un público entregado que le agradece cada tema como si se tratase de un regalo. Con una energía contagiosa, cierra el concierto con la marciana e hipnótica “Ruled By Mars”, dejando a los presentes con ganas de más.

Edición revisada el 10-09-2011

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